Europa Directo Ciudad Real

La Unión Europea es hoy una realidad, desde la oficina de Europa Directo de Ciudad Real informamos a toda la ciudadanía sobre las políticas de la UE, tus derechos como ciudadano europeo, los programas de estudio y ofertas laborales en otros países de la Unión, así como de aspectos de la cultura y la Historia de Europa. En este blog queremos dar a conocer nuestras actividades, los eventos llevados a cabo desde nuestro Centro o en los que hemos participado, y en definitiva dar a conocer a nuestros lectores la Unión Europea.

viernes, 19 de agosto de 2016

La Europa de las Regiones.

Mucho se habla de la “Europa de las regiones” en una etapa como la actual en la que se tiende a revalorizar el marco regional, a presentarse a la región como un ente territorial con características históricas y culturales verdaderamente propias, y situado en un plano intermedio entre la célula administrativa básica que se correspondería con la local o municipal, y el marco estatal. La Europa de los Estados-nación de la que tanto se habló en el pasado aparece hoy como un ente administrativo obsoleto, basta recordar cómo se ha ido imponiendo en las últimas décadas la idea de que lo auténticamente democrático es el Estado descentralizado, de cariz autonómico o federal, pese a casos paradigmáticos de organización territorial justificados por un gran peso histórico – es el caso del centralismo francés – en la mayor parte de los Estados de la Unión Europea se busca el respeto a la diversidad cultural y la representatividad política de todos los territorios y minorías que la componen y de ahí que cuenten hoy con una organización descentralizada, sea esta el “Estado de las Autonomías” en España, los distintos gobiernos regionales en Italia, los países que conforman el Reino Unido en las islas británicas, la unidad de flamencos y valones en Bélgica, o la estructura de los Landers en que se divide Alemania, por citar solo ejemplos sobradamente conocidos.


Esta descentralización político-territorial responde a esa doble finalidad de hacer la administración más eficaz y cercana al ciudadano, y a la vez hacer compatible la unidad del país con el respeto a las características e idiomas propios de cada región, y en su fracaso o en su éxito podemos obtener un ejemplo del proyecto europeo: alcanzar “la unidad en la diversidad”. Hay quien cuestiona la viabilidad de la unidad de Europa en base a las enormes diferencias, culturales, sociales, políticas, y económicas, de sus miembros, pero en realidad no existe ningún Estado europeo que sea plenamente homogéneo, todos cuentan con diversidad regional y local, y esto debe ser considerado como algo positivo y enriquecedor y no como un obstáculo al entendimiento entre las partes.

Ahora bien, ¿cómo se traslada esto a un plano tan práctico como es el económico? y sobre todo: ¿cómo hacer que prime la unidad y la solidaridad entre las regiones de Europa en una etapa de crisis económica e incluso institucional como la que estamos viviendo en la actualidad? Europa no es homogénea, como tampoco lo son los Estados que la componen, y la Historia nos ha demostrado que en tiempos de bonanza económica se puede alcanzar cierto grado de bienestar generalizado, sobre todo si los mecanismos de redistribución de empleo y riqueza son los adecuados, pero que por el contrario, en etapas de crisis los más ricos o mejor situados económicamente se vuelven celosos de su status, mientras que los menos favorecidos o más afectados por la crisis claman por un reparto más justo y equitativo de la ayuda en función a las necesidades de cada uno. No obstante, la base de la que se parte no es la misma, cada región cuenta con una estructura económica diferente, al igual que es también culturalmente distinta, y la economía está globalizada por eso debe optar por fomentar y promocionar los sectores económicos que más puedan beneficiarle e integrarse así en el sistema económico. En España hay regiones que tradicionalmente han sido industriales, o al menos desde las revoluciones industriales que comenzaron en el siglo XIX, mientras que otras, como es el caso de la nuestra, han pasado recientemente de una economía agraria de tintes más o menos tradicionales a un sector servicios basado principalmente en la construcción. No se trata quizá de que estas regiones menos favorecidas copien o importen el modelo de las más ricas, sino que sepan que es lo que pueden aportar al conjunto total.

En una economía de subsistencia, como lo eran las de siglos pasados, cada región producía un poco de todo, con vistas al autoconsumo, con la Revolución Industrial, que conllevó también una revolución en el transporte y en los sistemas de mercado, la mayoría de las regiones se “especializaron” en un determinado producto o sector, así, en muchos casos las regiones agrícolas convirtieron muchas de sus comarcas en monocultivos que exportaban a otras donde la industria demandaba precisamente esas materias primas, creando en muchos casos una dependencia de “tipo colonial” podríamos decir (regiones industriales que explotaban los recursos naturales de las no industrializadas) que no siempre resultaba justa para alguna de las partes. Hoy, sin llegar a esos niveles de especialización económica, cada región debería aportar y promocionar lo que tiene.


Castilla-La Mancha quizá perdió el tren de la I y la II Revolución Industrial pero cuenta hoy con factores a su favor: suelo de sobra en caso de necesidad de deslocalización industrial, nudos de comunicaciones por haber sido históricamente una región central – y no sólo “de paso”, como siempre se ha dicho – y sobre todo un medio natural y un patrimonio cultural envidiable, con dos ciudades que ostentan el título de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO (Toledo y Cuenca), y 2 parques nacionales de los 15 con los que cuenta España (aspecto en el que únicamente nos aventaja la comunidad canaria y Andalucía), recordemos que la provincia de Ciudad Real es la única de la Península con dos parques nacionales (Cabañeros y las Tablas de Daimiel), y todo ello gracias en parte a las ayudas procedentes de la Unión Europea.


En una etapa como la actual, de auge del turismo a nivel mundial por los avances en los medios de transporte y la difusión de la información, son estas las “bazas que debe jugar” nuestra región para hacerse competitiva e integrarse en la economía no solo de España sino también de Europa, de la Europa de las regiones.